Un día pesimista

A punto de sufrir una crisis de exceso de madurez…No hay verdad sin experiencia y, por desgracia, esta no me gusta. Contemplo con indolencia la hipocresía, el cinismo, la mentira camuflada para idiotas, la falta de rigor en el discurso y ya apenas me queda aguante. Tal vez, sólo manifestar de una manera un tanto solapada el poco o ningún apego que esta vida recibe por mi parte. Quizás, algún día el objetivo sea dormir y no despertar, morir de una forma suave, en transición continua hacia la nada, despacio, hasta que en los pulmones o quede un soplo de aire que exprimir, ni el corazón tenga sangre que mover y decir adiós por última vez, para no ser nada, ni siquiera polvo de estrellas, del que se pierde en el universo infinito para siempre y desaparece en ese agujero oscuro al que llamamos tiempo.

Hoy me preocupo de nuevo, no importa por qué razón y ni siquiera si hay motivo para ello, pero mi cerebro se retroalimenta con la angustia permanente, con la espera y mi corazón palpita de una manera acelerada cuando se ve dominado por la incertidumbre. No hay nada peor que la incertidumbre, el refugio de la cobardía. El no saber, no estar o simplemente suponer.

Todo en esta vida tiene sus secuelas. Tanto las que se derivan de las experiencias amargas como las de las placenteras. Pero las amargas tiene la facultad de dejar profundas heridas que nunca cicatrizan, jamás, hasta el final de los tiempos.

2 Replies to “Un día pesimista”

  1. Le di las cinco estrellas, pensando como siempre en la belleza de la expresión, pero es una belleza traicionera, vil e incluso atroz, porque encierra un corazón que se siente débil y ajado, confuso y perdido… y yo maldigo a la mujer que tienes a tu lado, porque no es capaz de seducir a tu alegría, esa que se que existe, esa que me enamora. Maldita sea mi suerte!!

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    1. No es un corazón débil y ajado, es la sensación de no encontrar futuro ni esperanza en este mundo que nos asfixia hasta dejarnos sin aliento, en esta losa que llevamos encima que nos hace difícil caminar y, por supuesto, nos impide correr. No maldigas a quien acompaña, maldice a quien no es capaz de darle la vuelta a todo lo negativo y valorar lo suficiente todo lo positivo que tiene a su alrededor. En realidad es un corazón ciego.

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